Streets Of Rage 4: El análisis completo de un clásico que llega recargado y promete estar a la altura de su historia

Streets Of Rage 4: El análisis completo de un clásico que llega recargado y promete estar a la altura de su historia

Uno de los grandes lanzamientos de la semana; la legendaria serie de beat 'em up regresa con un juego que respeta toda su esencia, pero la reinventa para los nuevos tiempos.

El Beat’em Up clásico es un género sencillo, con una forma muy precisa de hacer las cosas. Otros géneros son hoy tan reconocibles como ayer, pese al enorme avance de la tecnología, como pueden ser por ejemplo los juegos de lucha, pero los de de pelea callejera quedaron olvidados una vez que los desarrolladores pudieron crear mundos más amplios en 3D, dejándolos como algo muy específico de una época concreta.

El regreso de Street of Rage son palabras mayores. Estamos hablando de unos de los referentes más importantes del género, un juego clave en Mega Drive para competir con la llegada de Final Fight a Super Nintendo y uno de esos raros juegos que conseguía hacernos olvidar las recreativas, especialmente esa fantástica segunda entrega en la que se veía lo que era capaz de hacer la 16 bits de Mega Drive, todo un festival audiovisual que marcaba el cénit de una trilogía sobresaliente con un alto valor sentimental para miles de jugadores por lo memorable de sus momentos, sus personajes y, por encima de todo, su música.

Comienza ya

Cuando un estudio externo se hace cargo de la continuación de un nombre querido, siempre suele haber una primera reacción de duda, en donde se mira con lupa las credenciales de los que van a encargar para intentar anticipar si estarán a la altura. Pocas cosas hay tan tristes en el videojuego como coger una saga de culto abandonada y retomarla para hacer una entrega mediocre o directamente pobre, así que es normal que la guardia del fan esté siempre alta.

En el caso de Streets of Rage IV, aparte de la obvia bendición de Sega, nos encontramos un desarrollo a tres bandas entre Dotemu como productora, y trabajo conjunto entre Lizardcube (Wonderboy: The Dragon’s Trap) y Guard Crush Games, un estudio independiente que había desarrollado un Beat’em Up moderno llamado Streets of Fury que no inspiró grandes reacciones en su día -en parte por su aproximación humorística y por el uso de actores reales digitalizados.

Pura pelea callejera

La buena noticia es que el combinado de estudios ha triunfado y demostrado no sólo su competencia, sino también su cariño a la saga, su atención al detalle y su capacidad de homenajear un clásico a la misma vez que no se deja encadenar por mantenerse demasiado fiel al original. Es, claramente, un Beat’em Up tradicional con todas las de la ley y hay suficientes elementos en sus mecánicas para mantener el nexo de unión con los originales, pero al mismo tiempo encuentra su propio ritmo e ideas a la hora de plantear el combate, logrando que no sea un revival de lo pasado.

Su nuevo diseño está a la altura

Aunque cuando se mostró el juego por primera vez había algunos reparos, la verdad es que no se puede negar el cuidado trabajo de el estudio en recuperar a los icónicos personajes para un juego moderno. Se podría argumentar que había aproximaciones modernas usando pixelart que hubieran sido más continuistas con el legado visual de la trilogía original, pero eso sería ignorar las propias fortalezas de Lizardcube, que en Wonderboy se caracterizó por la bella estética cartoon que nace de la visión de Ben Fiquet como director artístico, entre otras funciones.

A fin de cuentas...

Estamos ante un gran Beat’em Up moderno, que recoge, respeta y homenajea el legado de la trilogía que le da nombre y reconocimiento, así que eso ya es de por sí un triunfo que celebramos desde estas líneas y nos permite recomendar el juego tanto a los amantes de los originales como a los interesados en los juegos de acción.

Su sistema de combate es un gran acierto que innova sobre la base original, el trabajo gráfico y artístico es encomiable, el cariño por la herencia de la trilogía le rebosa por los cuatro costados y la banda sonora cumple la casi imposible labor de estar a la altura de un juego que marcó una generación con su música.

Sería poco razonable pedirle más, y sólo desde un amor que no se apaga por el género, nos atrevemos a pedir que se vuelva a intentar dentro de un tiempo, que haya un Streets of Rage V que sea lo que la segunda entrega fue a la primera. ¿Un sueño? quizás, pero mientras daremos gracias por este cuidado e inesperado regreso que, deseamos, vuelva a encender la llama de la lucha callejera.

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